
La Gaby llegó de sus vacaciones. Ha tenido muchas. Cada semana iba a un lugar nuevo. Me llamó y quedamos en que íbamos a hacer un mini carrete en su casa. Primero iría a buscar al Felipe al trabajo y se vendrían a mi casa a tomar once. Tomamos oncecita veraniega, con juguito de melón y pan con tomatito con queso. Esta vez no hubo “Depilación dama”, al parecer el prurito asusto. Nos fuimos en el único micro (me lo corrige así, como argentino) del transantiago que conozco, que pasa cerca de mi casa, y que me deja en los lugares precisos, incluso en la casa de la Gaby. Llegamos y el Felipe se fue. Se fue porque quería bañarse y cambiarse ropa. Saludamos al concejal del edificio y subimos. La Gaby divisó por el ventanal a la Karen, y me dijo que estaba con más gente, no divisamos quienes eran. Abrimos la puerta y ahí estaban, las dos niñas iguales y la Karen. Nos pusimos a ver “Ciego Pelotón”, había disputa por el control. Unas queríamos ver “Amor ciego” y otras “Pelotón”. La Katy que había llegado hace unos minutos atrás, ya estaba molesta por nuestra adicción a los reality. Entre zapping no entendimos nunca que pasó. Mejor la apagamos y fuimos a comprar los tragos. Yo quiero cerveza, ¡no!, yo quiero cooler, ¡no! ¡no! yo no tomo eso. Mejor tomemos el nuevo piña colada, ¡no!, muy caro, no alcanza. Ya, compremos mango y lo arreglamos, sí, mejor eso. Nos pusimos de acuerdo y compramos mango sour. La gaby lo arregló como para matar a un diabético: dulcecito espumosito y suavecito. Conversamos, y se nos pasó la hora. Felipe que había retornado en bicicleta se debía ir porque entraba a trabajar a las 8 de la mañana. La katy andaba en el auto de su papá y debía llegar temprano. Así que terminamos de tomar un melón con vino que tenía escondido la Gaby. El Felpe lo remató tomándose el juguito a cucharadas. Con la glicemia en los cielos partió en su bicicleta, le dijimos que apenas entrara a su casa nos pinchara al celular, llegó bien por suerte.
Yo me quede en la casa de la Gaby, pues los planes del día siguiente eran ir por la mañana a la Biblioteca de Santiago y por la tarde bañarnos en la piscina. La mañana ya no existía, nos quedamos dormidas. Tomamos desayuno, ordenamos y nos fuimos. De la casa de la gaby uno llega caminado a la Biblioteca, es rápido el camino, pero si tienes unos “Zapatos Nocivos” que te van rompiendo el talón, el trayecto se hace un poco más lento. Amiga yo creo que la doctora Jagger no encontró unos que hicieran mas daño jajaja no importa, lo estilosa no te lo sacaba nadie. Pasamos por el Santuario de Lourdes, por el IMBA, y acortamos camino por la Quinta Normal. Gaby: ¿Por qué se llama Quinta Normal? Aah amiga es muy fácil, el que creo este parque tenía una familia de 5 hijos, los cuatro primeros salieron enfermos y la última, la QUINTA, salio NORMAL, en honor a ella la quinta, se llama así, QUINTA NORMAL…. ¬¬ ¡¡¡Gaby tan cuentera!! Jajaaja . Nos sacamos fotos, fotos por cierto bastante cómicas, Colgando la cámara en la rama de un árbol y corriendo para buscar el enfoque, balanceándonos en una rama y lograr la foto de bailarina. Seguimos nuestro trayecto y la Gaby quería comprar parche-curita, preguntó en todos los negocios, inclusive, en los que vendían Mote con Huesillo. Se parchó su herida y caminamos hasta llegar a la hermosa Biblioteca. Guardamos en un casillero las cosas, fuimos al baño, volvimos a abrir el casillero, salimos, la gaby se le olvido algo, volvimos al casillero… ¬¬. Entramos a la sala infantil, y los niños corrían por todos lados. Subimos a la juvenil y ahí nos quedamos, en un sillón rojo redondo inmenso, buscamos hartos libros y nos pusimos de guata a leer. Yo seleccione, El lazarillo de Tormes, versión urbana, bastante entretenido, no lo logre finalizar, pues la gaby había sacado un libro bastante interesante, La sexualidad según Foucault, yo deje el mío y nos pusimos a leer el suyo. Descubrimos que había muchos de esos textos, que hablaban de la Felicidad, El deseo, según varios autores, y nos gustó, era de la editorial, FILOSOFÍA PARA PROFANOS. Y ahí se nos pasó la hora, la Gaby ya aletargada quería dormir. Bajamos a comer nuestra colación de frutas, obleas y Kapo. Nos sacamos unas fotos entretenidas y subimos a seguir leyendo. Entramos a otra sala, a la de revistas. Habían muchas, de todos los tipos, como para estar toda la tarde copuchando, haciendo test, buscando recetas, reír con las historias triple xxx de la Cosmopolta y ver que se pasa la hora como si nada. Ya eran las 8 de la noche y había que irse. Volvimos caminando para suerte mía. La Gaby quería colarse a como diera lugar en el transantiago, tuvimos la oportunidad frente a nosotras pero yo no corrí y la gaby no subió jajajaa me da miedo si después nos echan. Caminamos y la Gaby seguía sufriendo por su talón. Caminamos lento y ya no aguantó más. Cambiamos zapatos. Yo bizarra con sus zapatos Nº 40 tipo gualetas y la Gaby con mis sandalias de gladiador. Llegamos a la casa y tomamos oncecita, vimos unas fotos antiguas bastante lindas y me fueron buscar.
Lo pase demasiado bien, faltaron algunas cosas por relatar, como la entrada a la tienda de toallas por kilo. “Ésta es buena Naticita” no amiga muy delgada, ¿y estas? No , menos, jajajaa al final nos ultra mega recorrimos el local y no compraste ninguna. Lo pase demasiado bien, muy - muy divertido!.
Esas fueron las 26 horas con la Gaby, desde las 8 de la tarde del Martes hasta las 10 de la noches del Miércoles.


